Darse cuenta, tener ganas, encontrar la forma.

 

Autor: Toribio Enrique Sosa
Camarista de Trenque Lauquen (Pcia. de Buenos Aires).

EL AUTOR:
En el año 1988, cuando Toribio E. Sosa tenía veintisiete años de edad, fue designado titular del Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Nº 2 de Trenque Lauquen y, pocos años después, convirtió a ese juzgado en el más avanzado de hisnoamérica en informática jurídica de gestión. Fue distinguido por el presidente de la SCBA, Héctor Negri, con una medalla.
Cultor del "coaching", utilizó sus principios para conducir eficientemente al grupo humano a su cargo.
(Junio de 2005).

 

SÍNTESIS:
Darse cuenta, tener ganas y encontrar la forma sirve para el propio reconocimiento que resulta de la conciencia de la misión cumplida, en el aquí y ahora que mágicamente nos ha tocado compartir con nuestros semejantes en medio de la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo.

Índice:

1- Partimos de un supuesto que tomamos como realidad: la justicia no se ajusta a las expectativas de la gente.

2- Darse cuenta (el sentido).

3- Encontrar la forma (la acción).

4- ¿Qué sucedió en la batalla de las Termópilas?

...

6- La justicia necesita que quienes la hacemos nos demos cuenta, tengamos ganas y encontremos la forma.

 

LA REINGENIERÍA MENTAL
(DARSE CUENTA, TENER GANAS, ENCONTRAR LA FORMA) (1)

Capítulo catorce del libro "Reingeniería Procesal", Librería Editora Platense, año 2005

1) El primer principio general de la ontología del lenguaje es que no sabemos cómo las cosas son, sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos, vivimos en mundos interpretativos. (2)
Distintos observadores o intérpretes encontrarán distintas realidades en la misma realidad.
Consecuencia de ello es que, a los fines de modificar las cosas (la realidad), no es indiferente el observador o el intérprete que cada uno de nosotros es.
Para cambiar la realidad, un buen comienzo es cambiar al observador e intérprete que somos.

1- Partimos de un supuesto que tomamos como realidad: la justicia no se ajusta a las expectativas de la gente.
¿Qué podemos hacer para revertir esa realidad?
Aunque sean aportes muy valiosos, juzgamos que no alcanza con introducir mejoras en la infraestructura material, reformar normas o crear más órganos jurisdiccionales.
Lo más importante es cambiar al observador/ intérprete que hace la "cosa" llamada justicia. En otras palabras, el cambio se va a operar en la realidad a partir de nuestro propio cambio.

2- Darse cuenta (el sentido).
La persona que hace la justicia (el juez, el abogado, sus colaboradores, todos quienes hagan un aporte) deben preguntarse: ¿para qué estoy acá? ¿para qué hago yo esto? ¿por dinero? ¿por poder? ¿por prestigio? ¿por qué no tengo otra cosa "mejor" que hacer?
Si no nos damos cuenta que estamos trabajando para hacer un mundo mejor en la parte del mundo en que nos ha tocado vivir, será difícil que encontremos sentido a la tarea de hacer justicia.
Hacer justicia es hacer un mundo mejor donde impere la paz, el respeto, el amor, la dignidad.
Allí es donde la meta del trabajo coincide con la meta de la vida: la justicia es asunto para personas que deseen hacer de su vida una ocasión para construir un mundo mejor, para quienes quieran ver en lo que hacen la oportunidad de realización de su meta de vida.
La misma razón por la que trabajo es la misma razón por la que vivo: para hacer del mundo un lugar mejor. Empalmar el sentido del trabajo con el sentido de la propia existencia, eso es darse cuenta.
La meta no es bajar la pila de expedientes, no es cumplir el horario, no es hacer hermosas construcciones jurídicas, no es el sueldo o el honorario, no es el prestigio personal, no es el reconocimiento de los demás.
La meta es hacer que el mundo sea un lugar mejor.
No nos damos cuenta estudiando duro. Darse cuenta no es juntar información: nos sucede o no, un dia cualquiera, con la información que ya tenemos.
Para darse cuenta no hay que consultar a la razón, hay que consultar a la emoción.

4- Tener ganas (el deseo).
Si nos damos cuenta de nuestra misión, cambia automáticamente el significado de cada tarea que tenemos que hacer, cambia automáticamente nuestro enfoque, nuestra interpretación de lo que hacemos, como lo grafica la siguiente historia de los tres picapedreros: (3)

Con gesto amargo un hombre golpeaba una roca con el mazo. Un caminante que por allí pasaba le preguntó:
--- ¿cuál es su trabajo?
--- ¿Acaso no lo ve? Soy picapedrero. Es la condena que me dieron en la prisión -agregó-- . Aquí vemos retratado al resentido.
Con gesto amargo, otro hombre golpeaba una roca con el mazo. El caminante le preguntó:
--- ¿cuál es su trabajo?
--- ¿Acaso no lo ve? Soy picapedrero. Mi abuelo tenía este oficio, también mi padre y yo debo seguir -completó--. Aquí vemos dibujado al resignado.
Con gesto alegre, otro hombre golpeaba una roca con el mazo. El caminante le preguntó:
--- ¿cuál es su trabajo?
--- ¿Acaso no lo ve? Soy picapedrero. ¡Estoy construyendo una catedral! -agregó feliz--. Aquí queda esbozado el perfil de una persona motivada por el sentido trascendente que adjudica a su labor.

¿Con cuál de los picapedreros nos identificamos?
No es lo mismo ir a trabajar cada día a tribunales o al estudio porque sí, rutinariamente o, en vez, con la convicción de que este día será una oportunidad única e irrepetible para construir un mundo mejor.
La tarea seguramente será la misma de todos los días, pero no se la hará igual, nuestra disposición frente a ella será otra, y nos sentiremos reconfortados y con mayor satisfacción al hacerla.
Hacer el trabajo no es solo una obligación, un deber, una carga, un castigo. Es una oportunidad para cumplir nuestra misión en la vida.
Puede distinguirse entre hacer las cosas correctamente y hacer lo correcto. Las cosas superfluas e inconducentes se pueden hacer correctamente, pero no es correcto hacerlas. Tomar nota: un gerente enseña a hacer las cosas correctamente, mientras que un líder enseña a desear hacer lo correcto, enseña lemas como "QUIEN SINO YO, CUANDO SINO AHORA, DONDE SINO AQUÍ".

3- Encontrar la forma (la acción).
Ser humano es ser obstaculizado.
A cada paso encontramos obstáculos que nos separan de nuestras metas. Pero la conciencia de nuestra misión nos dará la fuerza necesaria para superarlos, dando poder a la imaginación y la creatividad (que son nuestras) y no a las dificultades (que son exteriores o ajenas a nosotros).
"Deseo hacer mi trabajo, porque deseo cumplir con mi misión. Pero ¿cómo voy a tener ganas si no me pagan lo suficiente, el lugar de trabajo es horrible, no tengo una PC, etc.?" Si le damos poder a los obstáculos o a lo que nos falta, entonces nos quedamos sin poder. Tenemos que elegir una interpretación de la realidad que nos devuelva el poder. "Mis circunstancias disponibles me permitirán hacer lo mejor posible". Debemos poner el foco en lo que podemos hacer y no en lo que no podemos hacer o en lo que podríamos hacer bajo otras circunstancias.
El derecho (y en especial el derecho procesal, en el que se nutre la actividad tribunalicia) es màs un medio que un límite (aunque solemos usarlo como límite entre lo que "ha lugar" y lo que "no ha lugar").
"Encontrar la forma" es encontrar la mejor solución posible en calidad y eficiencia (entendida ésta cómo la mejor conjugación posible entre tiempo, costo y esfuerzo); es, desde luego, encontrar el derecho aplicable a tal efecto.
Es la consigna que se propone desde la REINGENIERÍA PROCESAL.

4- ¿Qué sucedió en la batalla de las Termópilas?
En el año 480 A.C., el Rey Jerjes de Persia con un gigantesco ejército atacó lo que hoy es Grecia.
Las diferentes ciudades-estado de Grecia se unieron para enfrentar la
amenaza y juntaron un ejército de 7.000 hombres al mando del Rey
Leónidas de Esparta, para detener a los persas en el Paso de las
Termópilas.
La defensa fue muy efectiva hasta que el traidor Efialtes, vendió
información crítica a los Persas y las tropas helénicas debieron
retirarse para evitar ser rodeadas, dejando atrás sólo a 300
espartanos para cubrir la retirada y ganar el tiempo necesario.
Los 300 espartanos murieron todos en el campo de batalla... pero luego
de matar a más de 20.000 persas !!!
El Rey Jerjes después de "ganar" esta terrible batalla preguntó:
-"Quedan más espartanos con los que luchar?" -y le contestaron-
"Si, hay 8.000 más preparados a defender Esparta"
Allí consideró que no iba a ser muy saludable seguir adelante por
este camino y decide seguir la ruta marina para atacar directamente
Atenas.
Capturó Atenas, pero su flota fue derrotada tres días después y
debió marcharse…
¿Qué tiene que ver ésto con el servicio de justicia?
La historia de los 300 espartamos destaca la importancia de las personas en las organizaciones y de cómo muchas veces, la gente valiosa cubre los defectos de la organización (y de allí que haya que cuidarla y preservarla como el principal activo).
El servicio de justicia -de cara al justiciable-, sólo puede ser tan eficiente como lo sea cada uno de sus componentes a la hora de prestar los servicios comprometidos y de resolver los problemas que se presentan.
Por sofisticadas que sean las estrategias, por cuantiosos que sean
los recursos financieros de que dispongan, en el extremo de la línea
-donde se atiende al justiciable- hay una persona.
Si en ese frente concreto de acción tenemos a cualquiera de los 300 espartanos, el Paso de las Termópilas no podrá ser sobrepasado…
Imbuirla a los operadores jurídicos de un claro sentido de misión y de pertenencia, puede ser -para el servicio de justicia- la diferencia entre el éxito y el fracaso.

6- La justicia necesita que quienes la hacemos nos demos cuenta, tengamos ganas y encontremos la forma.
Es nuestra elección hacerlo así… o seguir igual, con resentimiento o resignación ante las críticas recibidas y quejándonos por ello.
Aunque, no está de más decirlo, difícilmente la mejor justicia pueda alguna vez satisfacer a todos: a menos que ganen ambos contendientes (enfoque ganar-ganar típico de la mediación), el que "gana" no encontrará en ello mérito excepcional pues al fin y al cabo "debía ganar" (antes bien, acaso esté molesto por el tiempo tardado en darle la razón) y el que "pierde" ya hallará razones para considerar injusta su derrota en algún sentido o medida.
Darse cuenta, tener ganas y encontrar la forma no sirve entonces, para conseguir inexorablemente el reconocimiento de la gente, pero sí sirve para el propio reconocimiento que resulta de la conciencia de la misión cumplida, en el aquí y ahora que mágicamente nos ha tocado compartir con nuestros semejantes en medio de la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo.

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(1) Sobre la base de Darse cuenta, tener ganas, encontrar la forma, publicado junto con Silvia Ether Scelzo, en rev. La Ley Actualidad del 19-6-01.
(2) Echeverría, Rafael, Ontología del Lenguaje, Granica, Santiago de Chile, 1998, 5ª ed., pág. 40
(3) Salama, Waltes, Pequeñas historias para grandes momentos, Success, Bs.As., 1999, pág. 48.