IRAM certificó el Juzgado 94

Con el apoyo del Consejo de la Magistratura (especialmente el Dr. Humberto Quiroga Lavié), en el año 1999 se comenzó en el Juzgado Nacional en lo Civil Nº 94 de la Capital Federal, cuya titular es la Dra. Cecilia Yolanda Federico, la más avanzada experiencia de gestión de calidad en el ámbito judicial, trasladando sin retaceos técnicas empresariales modernísimas. ¡Nada menos que las Normas ISO!.

El lugar no fue elegido al azar. Desde varios años atrás la Dra. Federico venía perfeccionando el servicio a través de la informática de gestión, cultivando con entusiasmo el trabajo en equipo y ofreciendo a los profesionales un ágil servicio de consulta de los proveídos.

Se contó con el aporte de dos ingenieras que, con un proceso de sensibilización y concientización, hicieron que los integrantes de ese organismo adoptaran con entusiasmo el proyecto.

Lo primero que se hizo fue adecuar las distintas oficinas, en especial las que estaban en contacto con los justiciables, creando un ambiente ordenado y pulcro. Pintura general, arreglo de pisos, tabiques divisorios, terminales de autoconsulta en mesa de entrada a disposición de los letrados, etc.

Se puso mucho énfasis en la atención prestada por el personal, incluyendo el respeto por el horario y la calidad de trato, la cortesía y sensibilidad que pasaron a ser moneda corriente .

Se hicieron cursos de capacitación, manual de calidad, instructorios, y se estuvo trabajando durante dos años aplicando pulcramente las Normas ISO, pero cuando llegó el momento de certificar, se estrellaron contra un inexplicable entorpecimiento de la Cámara Civil.

Pero ya los integrantes de ese juzgado habían asumido con tanto entusiasmo el emprendimiento, que seis de ellos estaban haciendo un curso en la Facultad de Ingeniería de UBA, donde obtuvieron el título de gestores y auditores de calidad y brindaron su desinteresado asesoramiento a juzgados de Tucumán, Lomas de Zamora, Chaco, y otros que deseaban recorrer el mismo camino.

Siguieron bregando en su lugar de trabajo, no se desanimaron, pero tuvieron que soportar mucho tiempo de lucha y sinsabores para que se llegara a destrabar aquel inconveniente. Recién cuatro años después, en el 2005, lograron la ansiada certificación de calidad que les otorgó el IRAM. Un final feliz; un verdadero éxito de los colegas que no se desalentaron ante dificultades que parecían insalvables. Como ha dicho Toribio Sosa: "Las cosas difíciles llevan mucho tiempo, las imposibles pueden tardar un poco más".